Percibir lo Invisible

Ayer, en clase de Cabala Gratis en Escuelas de Misterios de Barcelona, estuve hablando sobre la esfera de Malkuth, basándome en un comentario del Talmud que dice: “Si uno desea percibir lo invisible, que observe lo visible”.

Nuestra experiencia cotidiana tiene lugar mientras estamos en estado de vigilia, en el Reino de Malkuth, la décima esfera del Árbol de la Vida, la cual hace referencia principalmente a todo el mundo material, que percibimos por medio de los sentidos. Al mismo tiempo, nuestro cuerpo físico corresponde al nivel de Malkuth de nuestro Árbol de la Vida personal. Así, acontece que, en este plano físico y en la relación entre estos dos niveles de Malkuth es dónde se encuentra, a nivel objetivo y superficial, nuestra principal fuente de experiencia. Es en esta relación y en sus consecuencias donde vivimos y experimentamos a lo largo del día.

La Qabalah (cabala) nos explica que Malkuth es el fruto del Árbol de la Vida y que Kether es su raíz. De la raíz procede toda vida, consciencia y sustancia que conforman el Árbol, de manera que el nivel de la esfera 10, Malkuth, es solamente un resultado, un fruto. Por esta razón, se dice que esta última esfera es la única que no es un Principio, porque desde este nivel no se origina nada, sólo se recoge o se experimenta. Desde todas las otras esferas se crean efectos, consecuencias, que descienden por el Árbol hasta llegar a la esfera 10. Sin embargo, en ésta, estas causas quedan únicamente experimentadas. Por eso se interpreta que todo se origina en los planos internos, incluso, que todo tiene su principio en el nivel mental y, aunque esta última referencia es inexacta, sirve de ilustración.

Pongamos un ejemplo: decido beber agua, tomo el vaso y bebo. Antes de efectuar esta acción la he pensado, la he examinado con la visión interna, he percibido la sensación —sed— de una necesidad e incluso he adelantado el resultado: satisfacción. Todo esto ha ocurrido previamente al acto de beber, seguramente en milésimas de segundo, pero ha ocurrido antes, y beber no ha sido más que el resultado de un descenso por el Árbol de unas esferas a otras hasta llegar a Malkuth. Así acontece en todo lo que experimentamos en la vida: las causas son internas.

Si logramos percibir claramente este proceso, podremos detectar una ley de suma importancia en nuestra vida: la ley que prescribe que el ser humano es creador de todo lo que vive y experimenta, en su interior y alrededor de él. De esta manera, podremos ver que todos los acontecimientos y todas las relaciones que vivimos tienen unas causas originadas en nuestro interior. De esto se derivan unas consecuencias muy interesantes: Somos creadores de nuestra vida y de lo que nos pasa y por ello, somos los responsables —únicos— de todo lo que hemos y continuamos experimentando. La percepción de esta ley universal es de una importancia trascendente, pues si somos los que hemos creado y todo lo que vivimos, también somos lo que estamos creando, todo lo que vamos a experimentar y, lógicamente, al aprender cómo estamos realizando este acto creador, podremos crear de acuerdo a niveles superiores de experiencia, más plenos, satisfactorios, saludables y prósperos.

De esta manera, nos apercibimos que el ser humano siempre ha creado su destino, pero, al ignorarlo, ha sido un creador inconciente. Ahora, como estudiantes de espiritualidad que somos, nos estamos convirtiendo en creadores conscientes. Esa es la gran diferencia. Todos creamos, pero únicamente unos pocos saben lo que crean.

Para entender este procedimiento, hemos de saber relacionar lo que nos ocurre con nuestra manera de ser, de pensar, de reaccionar, con nuestros puntos de vista y nuestras opiniones. Queremos percibir lo invisible de aquello que sí vemos, de aquello que es tangible para nosotros. Así, nuestro primer gran desafío radica en preguntarnos cómo hemos creado esto que experimentamos. Generalmente, no tendremos dificultad en aceptar que hemos creado lo que es agradable y satisfactorio para nosotros, pero nos resistiremos a considerar que somos los responsables de lo que es doloroso, feo o desagradable. Sin embargo, bajo otra ley, la de la Infalible Justicia, todo lo que vivimos está relacionado y creado por nuestra manera de ser.

El primer paso consiste en formular las siguientes preguntas: ¿Qué significa esto para mí? ¿Qué propósito encierra esta experiencia? ¿ Cómo la he creado? Hemos de saber comportarnos como interrogantes vivientes. Y el primer requisito es el de querer saber, saber qué encierra la experiencia que vivimos y cómo la hemos originado. De esta manera iremos aprendiendo lo que está detrás de cada acontecimiento, y qué sentido tiene el experimentarlo. Prestar la debida atención a lo que nos sucede será el primer paso para detectar lo invisible detrás de lo visible.

© 2011 por Escuelas de Misterios – Todos los derechos reservados.